Serpientes en el ruedo

Y ahora viene la reseña del concierto, que estuvo excelente, por cierto. Iba a ser publicada en El Economista, pero no salió a la mera hora, así que es otra exclusiva de la Cámara.

 

                                              

El viernes se presentó Whitesnake en la Plaza de Toros México, y a pesar de que hubo relativamente poco quórum (aunque en honor a la verdad tampoco estaba vacío el recinto) estos veteranos en la onda del rock “pesado pero fresa” presentaron su decimoprimer álbum de estudio (y el primero con material nuevo en 11 años).

El concierto inició con “Best Years”, del nuevo disco, y aunque soltaron muy pronto (para mi gusto) “Fool for your Loving”, clásicos como “Love ain’t No Stranger”, “Is This Love”, “Guilty of Love”, y nuevos temas como “Can you Hear the Wind Blow”, o “Lay Down your Love” pusieron a todos los asistentes a brincar y corearlos como si fueran parte del repertorio diario de sus vidas.

El infaltable solo de guitarra se convirtió a los pocos segundos en un duelo en el que Doug Aldrich y Reb Beach competían por ver quién podía tocar más notas más rápido. El bajista Uriah Duffy se les unió y Chris Frazier completó el cuadro con la batería.

Primero se dejó de oír el bajo y luego las guitarras, con lo cual nos quedamos escuchando el otro solo obligado en todos los conciertos de rock: el de batería.

Cuando David Coverdale, fundador y vocalista (y único miembro original que queda) regresó al escenario, “Crying in the Rain”, “The Deeper the Love” y “Ain’t No Love in the Heart of the City” fueron cantadas a todo pulmón por los asistentes, pero por supuesto, Here I Go Again fue el punto álgido de la noche, sólo superado por el espectacular cierre: “Burn”, original de Deep Purple (banda de la cual salió Coverdale para formar Whitesnake).

Aunque no faltó el despistado que creyó que el concierto continuaría con un repertorio de Deep Purple y pidió que interpretaran “Soldier of Fortune” hasta que se le acabó la voz, sus peticiones no fueron escuchadas. La Serpiente Blanca ya se había retirado a su madriguera.

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